Rosario, nuestro lugar

 

Interés por diversas áreas del saber, afán de conocer las diferentes culturas, pasión por la literatura y las lenguas, gusto por la comunicación y los viajes. Este cúmulo de preferencias puede explicar el motivo de mis estudios universitarios en traducción. Afortunadamente, cuando en 1979 dejé la universidad con el título de Traductora Pública y Literaria en mano, no caí en la cuenta de que mi mundo ideal poco tenía que ver con la realidad del trabajo cotidiano de un traductor. Con la fuerza que dan los nuevos desafíos, me propuse comenzar a transitar ese camino, sabiendo que debía buscar puertas e intentar que se me abrieran, y —sobre todo— que tenía aún muchísimo por aprender. Esa búsqueda en el ámbito local, poco a poco se fue tornando más amplia. Los cambios sociales y el desarrollo tecnológico fueron haciendo posible que lo que en un primer momento fue una utopía de proyecto profesional se fuera convirtiendo en cada vez más posible y real: mayor facilidad para viajar y para encontrar espacios de intercambios culturales, y —lo que se tornó indispensable para nuestra profesión— el desarrollo tecnológico que posibilitó no sólo la continuidad y profundidad de ese intercambio, sino también el poder desempeñarlo a gran escala manteniendo —a la vez— el cuidado por el detalle que necesariamente debíamos tener en aquellos primeros trabajos “artesanales” realizados en pesadas máquinas de escribir.

 

Ese interés por las diversas áreas del saber que mencioné en el comienzo de estas líneas, junto con las posibilidades de investigación a las que Internet abrió las puertas, fueron llevando a que los traductores nos lanzáramos a realizar proyectos de traducción sobre los temas más variados. Hace una década debimos centrar nuestro esfuerzo en estudiar y capacitarnos en los lenguajes de programación de software, con el fin de movernos con soltura en ese mar de cadenas de caracteres y textos, y lo hicimos. Formamos equipos cabalmente preparados para abordar cualquier proyecto de empresas de la más sofisticada tecnología (con consultores expertos, cuando la materia lo requería). Sin solución de continuidad, comenzamos también a recibir una avalancha de diferentes tipos de publicidad que requería una traducción adecuada para captar al mercado hispano parlante —siempre creciente— de América del Norte y de América Latina. En lo que se refiere al mercado hispano en los Estados Unidos, las cifras son por demás elocuentes: la presencia actual de hispanos en dicho país asciende a más de 38.500.000 y la proyección de su poder adquisitivo para 2008 se estima que será de 900 mil millones de dólares; factores que hacen necesaria la traducción de manuales y hojas de instrucciones de los más diversos dispositivos, maquinarias, etc. Hay que pensar, además, en los programas de la seguridad social, planes de salud, políticas de recursos humanos de las empresas, etc. En la era de la comunicación, el lenguaje adecuado es tan necesario como la tecnología.

 

Dominábamos las lenguas de competencia; aceptamos el desafío de la tecnología. Debimos buscar modos de hacer frente a proyectos de traducción y localización de gran volumen y relativos a las más diversas materias: equipos de trabajo, especializados por áreas, que se actualizan de modo permanente tanto en el campo de las herramientas tecnológicas —que permiten asegurar calidad y productividad, con la consiguiente reducción de costos—, como en la terminología específica de las áreas de competencia. Valor agregado: el conocimiento de la cultura de origen y de destino del material a localizar.

 

El bagaje conseguido en estos años de trabajo esforzado, nos hace posible seguir ofreciendo nuestros servicios en las diferentes áreas, ya que contamos con los equipos que continúan actualizándose en sus sectores de competencia. A la vez, siempre con la mira puesta en lo que por el momento histórico repercute directa y positivamente en nuestra sociedad, hemos decidido poner énfasis en dos áreas: los planes de desarrollo social (área en la que llevamos trabajando dos años con mucha ilusión) y la literatura infantil (vehículo insustituible para cimentar desde temprana edad el respeto y la valoración de las diferencias culturales, etc.). Si la labor del traductor es la de crear puentes entre culturas y países, entendemos que no podemos quedarnos ajenos al momento histórico por el que está atravesando nuestra sociedad global. Queremos, con nuestro trabajo, reforzar los esfuerzos de tantas instituciones y particulares en pro de la inclusión social de sectores más desprotegidos y de la educación desde edad temprana de aquéllos a quienes les tocará forjar el futuro de nuestro planeta

 

María Díaz Colodrero

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